Ella siempre fue diferente a los demás. Vivía a su manera, sin molestar a nadie. Nadie la entendía. Ni sus padres ni su hermana. Ella tampoco podía concebir el modo de vida de la gente.
No vivían. La sociedad se rige por el quedirán de los demás reprimiendo su verdadera identidad. Ella quería ser libre, vivir sin ser cuestionada y tranquila.
Creía en la sinceridad, humildad, bondad, respetuosidad y la buena fé. Un mundo completamente antagónico al actual.
Sus aspiraciones iban más allá de sus sueños. Su hogar era una cárcel. No podía ser quien quería ser. Su familia no la respetaba y la infravaloraban. Nunca fue aceptada por la gente de su pueblo. Vagaba por las calles en busca de su lugar en el mundo. No lograba encontrar el motivo de ser rechazada de la sociedad.
Intentó explicarle al mundo sus ideas y su visión de una forma de vida alternativa, más agradable y satisfactoria para todos. Sólo la escuchaban las paredes. Sus lágrimas, en la soledad de su habitación, se escapaban de sus ojos inevitablemente.
Un día decidió, valientemente, dejar de buscar su hueco allí. Se fue a otro lugar, uno más grande, con más variedad de personas y mentalidades. Tuvo suerte, allí encontró dos personas como ella. Al final había encontrado su hábitat y pudo volar. Nunca había sido tan feliz. Se encontraba llena y con ganas de vivir la vida, sin miedo ni prejuicios.
Ella determinó recorrer su propio camino.
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